¿Quién puede escribir sobre el
apóstol algo que no se haya dicho? ¿Quién puede sustraerse
a la tentación de escribir sobre ese gran hombre? Yo no seré la
excepción. Correré el riesgo de repetir lo que otros han dicho,
pero no puedo dejar de dedicar unas letras a 2 días del aniversario
160 de su natalicio.
No quiero hablar de Abdala porque me ruborizo al pensar que a la
misma edad escribí un poema tan cursi y sin sentido que ni sé cómo
lo tengo aún en el blog de poemas. Tampoco de la carta inconclusa a
Manuel Mercado porque el antimperialismo no pasa de moda y todos
(buenos y malos) han aprendido que para lograr ciertas cosas, han de
andar ocultas y como indirectamente.
Ya incluí en un video-arte una
idea que me arrastra o al menos que me despertó una neurona que aún
dormía,
“El
mundo es patético, y el artista mejor no es quien lo cuelga y
recama, de modo que solo se le vea el raso y el oro, y pinta amable
el pecado oneroso y mueve a fe inmoral en el lujo y la dicha, sino
quien usa el don de componer con la palabra, o con los colores, de
modo que se vea la pena del mundo, y quede el hombre movido a su
remedio.”
No pude menos que incluir cada vez más la sociedad, la política, el
verdadero mundo en mis escritos, dejar mis mundos de fantasía a un
lado y comenzar a mirar a mi alrededor, o mejor, plasmar mi
alrededor. No voy a perder la oportunidad de hacer lo mismo en estas
líneas.
Buscar ese tema de Martí que mueva al debate y a la vez aporte es
tan difícil que me aventuro a tratar el más polémico de todos, el
Martí socialista. Sí, socialista y no antisocialista o anti Marx
como muchos lo han querido presentar.
El gran amigo (sólo enemigo en la pelota) Dr. Oscar J. Villar nos
justificaba la crítica de Martí al socialismo utópico y las
corrientes de la época, debido a sus vivencias sobre los llamados
socialistas norteamericanos que utilizaron desmedidamente la
violencia y sobre todo a que era una idea en gestación. Sin dudas El
Apostol centra sus críticas, como veremos más adelante, en la
“violencia” que se desprende de los estudios de Marx, sin embargo
el maestro termina organizando una guerra necesaria y perdiéndose
tan genial cerebro en el campo de batalla de su tierra, la que
siempre fue punto de mira para sus ideas.
Ya he mencionado yo, un poco pretenciosamente en un poema, que Martí
predijo el derrumbe del campo socialista, no diríamos tanto, pero de
que vio los riesgos que al final afectaron al mismo no cabe dudas.
Por lo llevado y traído del tema las citas las haré extensas,
tratando de sacarlas lo menos posible de su contexto.
Comencemos con la muerte de Marx en
1883, a raíz de la cual Martí,
en Nueva York, expresa su sentimiento de admiración por un hombre
que estuvo del lado de los pobres, aunque arremete contra el
enfrentamiento abierto que el marxismo expone de la clase obrera
contra la clase opresora, critica el medio violento, no el fin: “Ved
esta gran sala. Karl Marx ha muerto. Como se puso del lado de los
débiles, merece honor. Pero no hace bien el que señala el daño, y
arde en ansias generosas de ponerle remedio, sino el que enseña
remedio blando al daño. Espanta la tarea de echar a los hombres
sobre los hombres. Indigna el forzoso abestiamiento de unos hombres
en provecho de otros. Mas se ha de hallar salida a la indignación,
de modo que la bestia cese, sin que se desborde, y espante.”
Más adelante continúa “Karl
Marx estudió los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, y
despertó a los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra
los puntales rotos. Pero anduvo de prisa, y un tanto en la sombra,
sin
ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de
seno de mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestación
natural y laboriosa.
Aquí están buenos amigos de Karl Marx, que no fue sólo movedor
titánico de las cóleras de los trabajadores europeos, sino veedor
profundo en la razón de las miserias humanas, y en los destinos de
los hombres, y hombre comido del ansia de hacer bien. El veía en
todo lo que en sí propio llevaba: rebeldía, camino a lo alto,
lucha.”
Creo
necesario comentar algo más sobre tan evidente y bello comentario
(en negrita) sobre la igualdad plena de los hombres, porque
también se puede interpretar como un llamado a no precipitar lo que
por su propio peso tendrá que llegar o
a
cuestionarle a Marx no haber hecho más trabajo directo con las
masas.
Un año después, en abril de 1884,
realiza un comentario sobre un trabajo de Herbert Spencer
donde este último se
refería al socialismo como “La Futura Esclavitud”. Pudiera
parecer difícil de saber exactamente cual es la posición del
apóstol al citar cada uno de los puntos del referido trabajo del
británico. Sin embargo frases concretas como “...riesgos que
Spencer exagera...” muestra su no total adherencia a lo comentado.
La posición más clara se
evidencia al referir: “Y
todas esas intervenciones del Estado las juzga Herbert Spencer como
causadas por la marea que sube, e impuestas por la gentualla que las
pide, como si el Ioabilísimo y sensato deseo de dar
a los pobres casa limpia, que sanea a la par el cuerpo y la mente,
no hubiera nacido en los rangos mismos de la gente culta, sin la idea
indigna de cortejar voluntades populares; y como si
esa otra tentativa de dar los ferrocarriles al Estado no tuviera, con
varios inconvenientes, altos fines moralizadores;
tales como el de ir dando de baja los juegos
corruptores de la bolsa,
y no fuese alimentada en diversos países, a un mismo tiempo, entre
gentes que no andan por cierto en tabernas ni tugurios.”
Resalto en negritas criterios muy propios de Martí que se perciben
bajo su crítica directa a asumir como propulsores de las ideas
socialistas a la gente más despreciable del pueblo.
Es cierto, Martí expresa casi como suyas las críticas a la gente
oficinista y asume los peligros de crear personas que no trabajen
para vivir a costa del estado: “Y es verdad que si llegare la
benevolencia a tal punto que los páuperos no necesitasen trabajar
para vivir -a lo cual jamás podrán Ilegar,- se iría debilitando la
acción individual” y funcionarios que abusen de su poder: “El
funcionarismo autocrático abusará de la plebe cansada y
trabajadora”. Cualquier semejanza con la realidad cubana actual
no es pura coincidencia.
Mas el fondo de las ideas martianas se mantiene intacto cuando a modo
de resumen apunta “Y en todo este estudio apunta Herbert Spencer
las consecuencias posibles de la acumulación de funciones en el
Estado, que vendrían a dar en esa dolorosa y menguada esclavitud;
pero no señala con igual energía, al echar en cara a los páuperos
su abandono e ignominia, los modos naturales de equilibrar la riqueza
pública dividida con tal inhumanidad en Inglaterra, que ha de
mantener naturalmente en ira, desconsuelo y desesperación a seres
humanos que se roen los puños de hambre en las mismas calles por
donde pasean hoscos y erguidos otros seres humanos que con las rentas
de un año de sus propiedades pueden cubrir a toda Inglaterra de
guineas.”
¿Será necesario explicar que el desequilibrio de riquezas es
inherente al capitalismo? ¿Hay que repetir que la justicia social es
la base del socialismo? Martí ataca con fuerza la diferencia que,
podemos decir, era insignificante hace más de 100 años, si la
comparamos con la que el capitalismo ha profundizado hasta hoy.
Pero concluye tajante el más grande de todos los cubanos, arengando
a seguir buscando soluciones: “Nosotros diríamos a la política:
¡yerra, pero consuela! Que el que consuela, nunca yerra.”
Pasados
10 años, a uno de su muerte le escribe Martí a su eterno maestro
Fermín Valdés Domínguez una carta donde, también tratada de
tergiversar por muchos y hasta el cansancio, expresa opiniones sobre
el socialismo, ya no se centra en la violencia, está lanzado el
patriota a la organización de su propia revolución: “Por
lo noble se ha de juzgar una aspiración: y no por esta o aquella
verruga que le ponga la pasión humana. Dos peligros tiene la idea
socialista, como tantas otras: -el de las lecturas extranjerizas,
confusas e incompletas: - y el de la soberbia y rabia disimulada de
los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por
fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores
de los desamparados. Unos van, de pedigüeños de la reina, -como fue
Marat, -cuando el libro que le dedicó con pasta verde -a lisonja
sangrienta, con su huevo de justicia, de Marat. Otros pasan de
energúmenos a chambelanes, como aquellos de que cuenta Chateaubriand
en sus “Memorias”. Pero en nuestro pueblo no es tanto el riesgo,
como en sociedades más iracundas, y de menos claridad natural:
explicar será nuestro trabajo, y liso y hondo, como tú lo sabrás
hacer: el
caso es no comprometer la excelsa justicia por los modos equivocados
o excesivos de pedirla.
Y
siempre con la justicia, tú y yo, porque los errores de su forma no
autorizan a las almas de buena cuna a desertar de su defensa.”
¿Será
que esa excelsa justicia de la que no se puede desertar de su defensa
es el socialismo?
No tenemos a Martí para confirmarnos sus posiciones, ni siquiera lo
tuvimos algunos años más para continuar el análisis, mas para mí
queda clara su posición socialista (Aunque él mismo no lo
reconociera por el momento y estadio en que estaba dicha ideología).
Para los que no lo consideren así da igual, censuren la palabra,
censuren la ideología marxista, censuren las realidades; sólo sigan
el camino y las ideas de Martí, no se necesita nada más para
construir el socialismo en Cuba.
Muy bueno coca... recordando viejos tiempos..digo..volviendo a la esencia..jajaja que bien.. .
ResponderEliminarA solicitud de algunos críticos expongo mis propias definiciones:
ResponderEliminarSocialismo: "Sistema social humanista superior al capitalismo."
Socialista: "Persona que defiende y se identifica con el socialismo."