sábado, 2 de febrero de 2013

Algo a lo cual aferrarse


Todo comenzó tiempo después de sentir que disfrutaba los días más felices que podría tener en mi vida (Sin embargo estaba completamente errado, ni eran tan felices, ni mi vida iba a ser tan desastrosa en el futuro). Pasaron esos días de gloria, perdí a mi primera novia (Realmente nunca la tuve) y el acercamiento a un amigo (antiguo profesor de secundaria) me hizo llegar a aquel libro que a mis 16 parecía muy filosófico “La clave de la felicidad y la salud mental”, carátula dura, edición de 1950, olores que permitían despertar a mi, por entonces muy cotidiana, coriza; elementos todos que hacían de aquel un interesante préstamo (después supe que era casi una compra, pero esa es otra historia que no sé si me disponga a contar algún día).
Creo que fue la primera vez que hice anotaciones de un libro, era con lo que me quedaría al devolverlo y por cierto aún están por alguna parte en casa de mis padres.
El tema más interesante, o al menos el que me quedó más grabado, incluso hasta hoy 17 años después, fue el de encontrar “Algo” a lo cual aferrarse. Digamos una vía de escape de uno mismo, una forma de quitarte responsabilidad y ganar confianza, una forma de darle dirección y sentido a tu vida sin sentir la presión del posible error ¿Desindividualizarte?
Históricamente la humanidad ha buscado los dioses, de una forma o de otra es una necesidad, primero para sentir conformidad por la pérdida de algo o alguien, para borrar el arrepentimiento por acciones incorrectas, para sentir esperanza en un futuro mejor, para sentir la ayuda fiel y la comprensión. Sin dudas Dios es el “Algo” más común al cual se aferra la gente y ¡Vaya que tienen resultado! He conocido religiosos verdaderamente cristianos (Seguidores fieles de las ideas de Cristo), donde el prójimo es realmente importante, donde la vida es para ser útil a los demás. Conozco una anciana enferma, ha estado muy grave varias veces y a veces pienso que solo Dios la mantiene viva, alegre, servicial. Guida es dulzura, ternura y amor a sus 70 y tantos, gracias a su deseo de vivir para los demás. Pero también conocí una hija (mujer mayor que salía a predicar por las casas vecinas) que no atendía a su anciana madre como debía ser. Un hombre que alternaba religión con alcoholismo (de mes en mes) y que se declaraba anticomunista abiertamente porque eso de regalar cosas a la gente y el igualitarismo no iba con él. Ejemplos que no debían existir, pero en fin de cuentas, viven aferrados a su Dios.
Con la revolución industrial el dinero se convirtió en la principal mercancía y ahí mismo apareció un nuevo ser al cual aferrarse ¡Y la fuerza que ha alcanzado! Son muchos más los que tienen hoy al dinero como razón de su existencia. El tema genera debate porque al final todos dependemos de ese terrenal Dios, pero me refiero a los que viven sólo por contar y ver crecer sus cuentas. El dinero es necesario, es imprescindible, pero no es para vivir aferrado a él. Hay que vivir del dinero no vivir para el dinero.
Otro “Algo”: El poder, de él dependen, a él le culpan, a él aspiran para llegar a lo más alto muchos en varios aspectos de la vida. Muchas veces es positivo, pero las más, es el peor de todos. No es sólo el poder político, está el poder científico, el poder artístico, deportivo y muchos otros. Siempre que se obtiene a partir del ejemplo, con sacrificio y tenacidad es la forma de aferrarse a la salud física y mental, a vivir para los demás desde la propia satisfacción personal. Pero cuando ese poder se quiere alcanzar por la fuerza, es más volátil y contaminante que las sustancias liberadas en la quema de cañaverales que se sucedían cuando era pequeño en mi barrio. Si ese poder, como está de moda, se quiere alcanzar con prebendas y alabanzas fatuas a los que pueden dártelo, entonces te estás aferrando a un mundo irreal, al que realmente no eres. Lamentablemente proliferan estos casos y hasta se creen felices, a la larga tienen el poder y viven aferrados a él.
Termino con un “Algo” que Agustín de Rojas mencionó en un artículo publicado por la iglesia católica titulado “Yo ateo” (Casi estoy dudando haberlo visto con mis propios ojos, por no oírlo mencionar por nadie, ni en la omnipresente Internet). Se refirió a la religión, a Cristo, pero no como ente de los cielos, sino como un Dios en nuestros corazones, un Dios amor. Claro que pensar en el amor sólo de la pareja es subvalorar tan alto sentimiento. El amor te hace vivir por algo, sobreponerte a las derrotas, volver a empezar cada día, te hace amar al sol cuando sale y cuando se esconde, amar el verano porque vas a la playa a disfrutar mujeres con poca ropa y amar el invierno porque te hace dormir junto a tu pareja bajo la misma colcha.
Todos tenemos razones para vivir aferrados a algo, además de los ya mencionados, está la familia, el conocimiento, hasta las utopías más insospechadas pueden ser razones, pero aferrarte a ese “Algo” que es el amor a ti mismo como ser humano, es la clave de la felicidad y la salud mental.

A modo de aclaración:
No he traído este tema sólo para dar valoraciones de un libro y mucho menos para dar recetas de autoayuda. Seguirá siendo interés de estas líneas reflejar lo tan cercano que estamos cada uno. Cuánto nos une y qué sutiles son los muros que se empeñan en levantar entre los seres humanos.

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